martes, 15 de diciembre de 2015

Aguas abajo

Un delgado pie asomaba tras la mampara de la ducha. Unido a él, un cuerpo desconocido alargó el brazo para alcanzar una toalla. Avanzó un paso envuelta en ella, sus piernas casi al descubierto, su torso tapado con precisión, la tela anudada sosteniéndose sobre sus pechos. Daba pasitos pequeños, cortos, acordes a su estatura, dejando tras de sí un reguero de agua que chorreaba por su silueta, acariciándola, deteniéndose en sus curvas un segundo más para caer con el siguiente contoneo de sus caderas. Sus hombros, desnudos, estaban arropados por los cabellos empapados que descansaban exhaustos, anhelando rozar sus clavículas marcadas. De ellos se derramaban también las gotas que ansiaban unirse a sus compañeras en la aventura de explorar su cuerpo pero, sin remedio, rodaban por su piel, creyendo inocentes que llegarían a su pecho para trazar su forma redondeada, hasta el tejido que la tapaba levemente para morir en él.

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